UN PAÍS EN RUINAS

     No es un secreto que los venezolanos en los últimos quince años hemos padecido un bajón significativo en nuestra calidad de vida. El gobierno  presidido primero por Chávez y ahora  por Maduro ha utilizado una estrategia que ha conducido a la fusión   Estado-Gobierno-Partido, la condición ideal para establecer una autocracia. La no separación de los Poderes Públicos, llevándolos a un estado de dependencia, sumisión y obediencia ante el Ejecutivo, ha generado primeramente una situación de inseguridad jurídica y en consecuencia, de impunidad. Las expropiaciones y confiscaciones de empresas y fincas en plena producción han sido las manifestaciones concretas de un régimen que se mueve por la autopista de la autocracia. Estas condiciones produjeron una contracción significativa en el volumen de inversiones en Venezuela, lo que a su vez llevó a la desaparición de empresas y actividades de producción tenían muchos años en el país. El resultado está a la vista, fuga de capitales, destrucción masiva del parque industrial, disminución del empleo formal, traslado de transnacionales a otros países, incremento en la importación de bienes y servicios, escasez de alimentos, una elevada inflación en 2013 (56.2%, la mayor de Latinoamérica), un índice de escasez de 22.8% y en síntesis, una disminución significativa de la calidad de vida del venezolano.

     Capítulo aparte merece la destrucción de Petróleos de Venezuela (PDVSA), la  compañía que maneja los negocios de la actividad petrolera. A pesar de haber duplicado su personal, la producción de petróleo y sus derivados ha caído ostensiblemente –por debajo de la cuota fijada por la OPEDP-, obligando a PDVSA a importar gasolina para satisfacer la demanda interna. Una mal entendida solidaridad de Venezuela con países de América y en particular, con el área del Caribe, ha contribuido enormemente con la merma en el negocio petrolero. La entrega de petróleo a futuro -a China y Rusia- ha comprometido un volumen grande de petróleo y por la forma del negocio, el ingreso de divisas por este concepto está comprometido en el pago de la enorme deuda contraída por Chávez y Maduro, para cumplir con las políticas populistas del gobierno.

     En próxima entrega abordaremos otros problemas que hacen que el régimen chavista-madurista ande tan mal en estos momentos.

Carlos Solórzano Ovalles

Febrero de 2014